sábado, 12 de mayo de 2012

A mi Pájaro de un solo cuerno

Bueno...he de decir que me hallo hoy aquí para dedicar toda una entrada a una sola persona, por injusto que parezca respecto al resto de personas que aún esperan con ansia el ser bendecidas por mi toque bloggero. En fin, a quien felicito ya lo sabe. La verdad es que le pregunté si quería un poema customizado (para los de la LOGSE: modificar un objeto para que se distinga de cualquier otro), así que, bueno, he tenido que recurrir a algo generalizado, al tema lírico por excelencia. Y de ahí surge mi 2º Tríptico, este enfocado en tres de las fases en las que el amor puede dividirse, aunque nunca siga un esquema predefinido: ansia, plenitud y desengaño.
Huelga decir que son de una calidad paupérrima, últimamente no ando nada inspirado. Y los sonetos no son mi forma favorita, ya que siempre me ha parecido que los sonetos se cargan toda musicalidad existente.

ANSIA

Oh tú, cuna de belleza admirable
oh tú, la más blanca pureza de lirio,
oh tú, música de todos los ritmos
oh tú, ser de perfección denunciable.

Tú, que llenas los espacios, mis tardes,
de alegría, sonrisas, regocijo;
tú, que eres motor del corazón mío
yo te adoro y tú no lo sabes.

Tú altiva dama, yo caballero prófugo
tú eres lo más preciado, yo un hombre de bien,
tú de infinitas dotes, yo menos que poco,

¿está hecho el asno para probar la miel?
Es injusto que me vuelvas loco
y que yo no te pueda querer.

PLENITUD

¿Es verano? ¿Es invierno? No lo sé.
¿Es de día? ¿Es de noche? Lo desconozco
Ahora que soy tuyo, flor de loto
nada importa, ni dormir ni comer.

No me preocupan la vida o la muerte,
ahora tú eres mi lecho, mi oro,
mi alimento, mi refugio, mi todo
y ni Fortuna cambiará mi suerte.

No podrá acabar con el mayor cúmulo
de virtudes, gracia y perfección
que ha visto y verá este mundo

en cualquier paraje bajo el Sol,
las lunas, las estrellas o el oscuro
infinito, aunque menor que mi amor.

DESENGAÑO

¡Oh tú que te crees Narciso
oh tú que te crees soberana
de mi pobre y desdichada alma
oh tú que te crees mi ídolo!

¡Oh tú que te crees fuego y llama
tú, sicaria de mis dolores
que mis penas desconoces
y mis esperanzas apagas!

¡Oh tú que te crees violeta
reina en el mayor de los campos
oh tú que dejas esdichados

en los parajes donde esperas
oh tú que te creía perfecta
cuando aún estabas a mi lado!

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Bueno, y tras esta demostración de como NO componer unos sonetos, algo más ¿light?, una larga metáfora, de propina.
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Tengo seis diotrías, es cierto
y sin gafas no es secreto
(aunque cuando puedo lo niego)
que estoy bastante ciego.

Este defecto viene a cuento
de como veía yo a un pájaro
que los demás veían feo y raro
y yo catalogaba bello.

Me parecía extraño ver
como evitaban al ser alado
al que siempre dejaban de lado
sin su interior conocer.

Alma tan grande y risueña
que yo creía entrever
tras su cara, ese ser
me prendía de tal manera!

No me cabe en la cabeza
que lo pudieran denostar
a aquel cuyo único mal
era no irradiar belleza.

Donde ellos ven una marca,
yo veo un curioso hoyuelo,
donde ellos ven un Adefesio
yo veo un alma inmaculada.

Ellos buscan nimios detalles
yo apelo a su conjunto:
nunca nada igual vio el mundo,
figura de semejante talle.

Me enamoré de aquella ave
no por sus toscas proporciones,
sus encantos o pormenores,
sino por aquel cantar suave.

Aquella voz que solo yo oía,
y no parecía interesarle
a otros pájaros, ni a nadie;
que marcaba el compás de mi vida.

Pero para mí era justo eso,
mi tesoro más preciado
y si no tuviera mi pájaro
¿qué sería de mi yo entero?

Un infeliz, un mar de dudas
un hueco y vacío cascarón
un vestigio de lo que fui yo
un buscador de sepultura.

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