miércoles, 29 de mayo de 2013

Tan bonita, Palomitas, tan bonita como tú...

Érase una estampa infinita,
plagada de dunas de clara arena,
una ilusión lejana, un espejismo,
un desierto de oasis de pecas...

Éranse dos nubes blanca perdidas
entre el azul y sempiterno cielo,
con forma hueca, alveolada, vacía
y una piedra de azabache en el centro.

Érase un río en medio de la nada,
un regato negro, un caudal de brea,
un manantial dando a una cascada
y una caída de princesa morena.

Y érase la noche, oscura y abyecta,
cargada de monstruos, terror y miedo,
morada del lobo hambriento y el cuervo,
hogar de la altiva luna llena...

La luna de nácar y espuma de mar,
bailando alineada con las estrellas,
estrellas lejanas, de zafiro y perlas,
que la princesa quería atrapar.

La princesa de la eterna sonrisa,
la princesa de aguamarina y cristal,
la princesa de porcelana china,
frágil rostro y lágrimas de sal.

Todos los días ocurren milagros
pequeños, hermosos o a medias,
y el de aquel veintinueve de mayo
fue ella: mi querida princesa.


martes, 8 de enero de 2013