Érase una estampa infinita,
plagada de dunas de clara arena,
una ilusión lejana, un espejismo,
un desierto de oasis de pecas...
Éranse dos nubes blanca perdidas
entre el azul y sempiterno cielo,
con forma hueca, alveolada, vacía
y una piedra de azabache en el centro.
Érase un río en medio de la nada,
un regato negro, un caudal de brea,
un manantial dando a una cascada
y una caída de princesa morena.
Y érase la noche, oscura y abyecta,
cargada de monstruos, terror y miedo,
morada del lobo hambriento y el cuervo,
hogar de la altiva luna llena...
La luna de nácar y espuma de mar,
bailando alineada con las estrellas,
estrellas lejanas, de zafiro y perlas,
que la princesa quería atrapar.
La princesa de la eterna sonrisa,
la princesa de aguamarina y cristal,
la princesa de porcelana china,
frágil rostro y lágrimas de sal.
Todos los días ocurren milagros
pequeños, hermosos o a medias,
y el de aquel veintinueve de mayo
fue ella: mi querida princesa.
miércoles, 29 de mayo de 2013
viernes, 12 de abril de 2013
martes, 8 de enero de 2013
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